Capítulo 45; Empujar los límites.
Isabdiella, logró mantener su temple hasta cerrar la puerta de la habitación. Al hacerlo se recargó en ella y se deslizó hasta quedar sentada en el piso. Elevó sus rodillas y las abrazó con fuerza, para luego colocar allí su cabeza y derramar silenciosas lágrimas de profundo dolor.
Comenzaba a sospechar que pronto se quedaría sin ellas, era imposible llorar tanto.
¡Oh, Alá!
Lloró mucho, hasta quedar sin fuerza y prácticamente arrastrarse hasta su cama, sólo quería dormir, dormir por días, quiz