Capítulo 28; Conversación de caballeros.
Llegó a sus habitaciones y entró, aún se sentía un poco cansada por la agitada noche, quizás podría dormir un par de horas más. Al entrar retrocedió asustada al contemplar la figura junto al enorme ventanal.
—¡Padre, por Alá!— gimió llevándose las manos al pecho.
—Lamento haberte asustado, mi amor— le sonrió con ternura— he venido para nuestro café matutino y me ha sorprendido encontrar tu cama y tus aposentos vacíos— rogaba a Alá por no ruborizarse. Salió corriendo y se arrojó a sus brazos.