-No puede ser, otra vez no - susurró Gabriel con pereza y le señaló con la mirada a Nore a la mujer que se acercaba a su mesa con claras intenciones de sentarse.
-Pero qué casualidad, estamos destinados - sonrió con ilusión la dueña del catering que había querido marearles la cabeza antes.
Iba con su asistente, la chica que previamente les presentó y Nore ignoró aprenderse su nombre, igual que el de su jefa. No hacía mucho, tampoco hablaba, había visto que su única función era de expend