«¿Por qué me parece tan conocido…?», me pregunto al ver a este hombre por un par de segundos.
Me mantengo en silencio tratando de entender de donde me parece tan conocido, pero no encuentro en mi mente. Cuando estoy por preguntarle por qué me habla de manera tan personal, es el justo momento cuando su nombre me viene a la mente como un rayo, mejor dicho como un maldito tsunami.
«¡No, esto no es posible, esto tiene que ser una maldita broma del peor mal gusto del mundo!», exploto en mi interior