Más tarde ese día, justo cuando sonó el último timbre, vi a Harry esperando junto a las puertas. Me vio al instante y cruzó la multitud como si tuviera un objetivo en mente. El estómago se me hundió.
—Sophie —llamó, agarrándome la muñeca antes de que pudiera escabullirme—. ¿Qué te pasa?
Lo miré parpadeando, fingiendo confusión. —¿Qué quieres decir?
Frunció el ceño, el agarre firme, los ojos buscando mi rostro. —Me has estado evitando. Ni mensajes anoche, ni llamadas. Ahora actúas como si yo ni