La lengua de Sim sobresalía y rozaba la punta de mi pene. Me miró con pereza y, al ver que no obtenía respuesta, se tragó la punta.
Siseé, mis dedos se enredaron en la masa de su oscuro vello.
—Sí, así— me mordí el labio inferior.
—Tienes un sabor dulce—dijo.
Sentí un nudo en el estómago. ¿Por qué ponía esa cara?
¿Nuestra relación seguiría igual después de esto? Me estaba aprovechando de mi mejor amigo y él lo sabía.
Quizás también lo disfrutaba, por eso seguía el juego.
Me tomó por sorpresa al