Permítanme remontarme al principio, donde todo comenzó. El señor Troy, el magistrado que vivía al lado, trajo de vuelta a su esposa, de quien estaba separado. El motivo de su distanciamiento durante seis años era, sin duda, lo que menos me preocupaba. No la había visto antes, pero las descripciones de los transeúntes ya me habían hecho imaginar su imagen.
Detrás de mi casa se encontraba mi granja, ya bien organizada, desde donde se divisaba la enorme mansión de Troy. Casi siempre, al asomarme a