Valentina estaba tan acurrucada en mis brazos que ninguno de los dos nos dimos cuenta de que ya había amanecido. La besé cuando noté que estaba despierta.
—Tenemos un problema —dijo Valentina, apartando el edredón de su pecho y dejando al descubierto sus senos firmes.
—Ninguno por el que debas preocuparte tanto —la acerqué y besé sus pechos.
—Richy —gimió, intentando reprimir el placer que le estaba provocando mientras me apartaba de su cuerpo.
—Dime que no quieres esto —le besé los pechos mien