Naiara
Había terminado arropada y acomodada con grandes capas. Mi caballero oscuro había intentado disuadirme ya varias veces en el camino, pero yo estaba determinada: no quería vivir otra farsa de matrimonio, no quería arriesgar mi felicidad en pro del imperio.
Quizás sonará egoísta, y no propio de una princesa. Pero yo estaba convencida de que no seguir el destino nos iba a traer problemas.
—Tú eres mi destino... —le decía mientras caminábamos de vuelta nuestro asentamiento, y veíamos a