—Kai... por favor— le digo con la voz temblorosa.
—Querida... tienes que hacerlo. Has colocado todo el castillo en peligro, ¿eso es lo que quieres? ¿Que todos te tengan miedo? Una reina debería ser amada por sus súbditos... no mirada con terror— decía él mientras me daba otra cucharada de esa poción espantosa.
Las criadas me veían como si yo fuera una cosa extraña, y revoloteaban cerca de mí, pero prácticamente ni me tocaban. Dashi estaba lejos cuidándose, Mer en el templo, Rise recuperándose