Naiara
Mi señora Sindri solía decir que era difícil ver lo bueno que estaba frente a nuestros ojos, cuándo había tantas cosas que nos preocupaban, rodeándonos cómo pequeños buitres, invisibles, qué nos hostigaban, y nos empañaban nuestra buena noche.
Tenía que ir a Sarassea y jugar mi honor, quizás agachar la cabeza ante otros señores, hacer lo posible para salir con un buen matrimonio, uno que no deseaba, pero que parecería no tener otra opción.
Pero además tenía tiempo, y lo aprovechaba,