Azaleia
—Sí llamo a los animales… los soldados evidentemente sabrán que estoy involucrada sin contar que con que podrían hacerle daño— digo yo. Y mientras más veíamos y veíamos la fortaleza, más estábamos convencidos de que era imposible de entrar. Cerca estaba la plaza, y la ciudad se erguía, un río pasaba, pero no había ni bosques ni otros caminos.
—Creo que hay solo una manera— decía Layne luego de que estuviéramos averiguando prácticamente toda la tarde, viendo a uno a uno los movimientos d