EL PUNTO DE VISTA DE DAMIEN
Ruth Calloway tenía setenta y dos años y hacía el café como si fuera una postura moral.
Fuerte, negro, sin negociación. Lo puso frente a nosotros en la mesa de su cocina sin preguntar y se sentó frente a nosotros con su propia taza y nos miró alternativamente con la franqueza de alguien que hacía mucho tiempo había dejado de actuar la facilidad social.
Era pequeña y de ojos agudos y me recordó, inesperadamente, a nadie que hubiera conocido antes.
"Caminaron el huerto