El abogado no se inmutó bajo la pesada mirada de Elias, pero su sonrisa se tensó en las comisuras, revelando la naturaleza calculadora que se escondía bajo su pulido exterior. Miller abrió el maletín de cuero con un sonido metálico y seco que pareció cortar el aire húmedo y cargado de olor a mar entre ellos.
Sacó un grueso paquete de documentos de color crema, cuyas páginas estaban perfectamente secas y prístinas contra el fondo del aparcamiento de grava embarrada. Los extendió hacia Elias, y e