El puerto a las seis de la mañana era un pueblo fantasma de hierro oxidado, redes de pesca verdes y el olor espeso y aceitoso de combustible diésel de baja calidad. Elias caminó por el muelle principal, con sus botas resonando con fuerza sobre las maderas húmedas mientras la luz gris de la mañana empezaba a filtrarse a través de la niebla.
Llevaba bajo el brazo un rollo de papel grueso para planos, un documento que había creado durante la noche a partir de su memoria de los mapas de zonificació