La joven temblaba, a punto de explicarse, pero Delilah la interrumpió.
—No te pongas nerviosa. Solo son algunos asuntos de trabajo que necesito hablar contigo. Ven conmigo, te lo explicaré con calma.
Dicho esto, se dio la vuelta y caminó hacia un pasillo más apartado. La chica no tuvo más remedio que seguirla.
Cuando llegaron a la escalera, sus voces resonaban en el espacio vacío, así que Delilah bajó el tono.
—No te preocupes. No escuché nada de lo que dijiste antes. Pero necesito que hagas al