Capítulo 5

Ryker

Una miríada de imágenes llenaron mi mente, como destellos de un recuerdo. No podía reconocerlo, pero lo sentía. La sensación de ahogarme, de que me recogieran.

—No pasa nada, señor desconocido. Está a salvo —jadeó una voz apagada. Parpadeé ante las luces y vi...

Me desperté de golpe, sudando y jadeando en la oscuridad de mi habitación.

No tenía ningún recuerdo del accidente ni del ahogamiento. Solo me venían destellos de ello un tiempo después del accidente, pero con el paso del tiempo dejé de soñar con ello. Era la primera vez en AÑOS que recuperaba un recuerdo.

Parpadeé frenéticamente tratando de procesar lo que veía. Las imágenes eran borrosas y no veía bien, pero habría jurado que había visto a una joven...

—¿Zerah? —exclamé en voz alta.

No. Tenía que ser un error. Ni siquiera la conocía hasta hace cinco años. ¿Cómo podía estar en mi memoria, y mucho menos en la de mi ahogamiento?

Simplemente había estado pensando demasiado. Volver a verla me estaba trastornando la mente.

Miré la hora en mi teléfono y vi que ya era hora de prepararme para ir al trabajo. Me levanté de la cama con determinación.

Zerah me daba completamente igual....

….

TRES SEMANAS DESPUÉS

Estaba furioso.

Traer a Nathan y Geronimo Cooperation de vuelta a la sede central era algo bueno y una decisión estratégica, una que yo había apoyado totalmente.

Ahora, quería dar un puñetazo a la pared.

Todo fue culpa SUYA.

Desde que llegaron, cada vez que entraba en la oficina veía a Zerah y Nathan juntos. Se reían y bromeaban juntos en su oficina e incluso en la zona abierta. Era una relación demasiado familiar, más allá de los límites entre jefe y secretaria.

Lo peor de todo era que se notaba claramente el interés de Nathan por ella. Apenas lo ocultaba y yo no sabía si ella simplemente no se daba cuenta o si le animaba a seguir.

Cuando llegó mi turno, fue todo lo contrario. Ella seguía mirando más allá de mí, como si yo no existiera y nunca me hubiera dirigido la palabra. Era exactamente lo que yo deseaba. Profesional y distante.

Estaba HARTO de eso.

Cada vez que los veía juntos, sentía ira. Sí, tal vez había ido a la sucursal de Geronimo más veces de las necesarias para ayudarlos a adaptarse a la mudanza, pero eso me molestaba.

No es celos, me recordaba a mí mismo, es preocupación.

Sí. La razón por la que me sentía así era la ira y la preocupación hacia Nathan. Él era inconsciente y ella lo estaba seduciendo por sus motivos ocultos.

Por mucho que me lo repitiera, era difícil de procesar cuando llegaba al edificio y la veía entrar en su oficina.

Apreté los puños. Era de noche, casi la hora de cerrar. ¿Qué hacía ella allí esta vez?

De repente, la puerta se abrió de golpe. Alarmada, la vi salir corriendo de la oficina con su bolso, sin parecer darse cuenta de mi presencia al pasar corriendo.

¿Qué demonios?

Después de entrar en la oficina de Nathan, no dudé en preguntar.

—¿Qué le ha pasado?.

—Dijo que tenía que irse temprano. Asuntos familiares. Nathan suspiró, con aspecto preocupado. Se me encogió el estómago al pensarlo. No sabía que tuviera familia, pero tampoco es que hubiera intentado conocerla.

Después de hablar con Nathan, salí de su oficina y alguien chocó contra mí.

—¿Qué pasa? —pregunté, al reconocer el bolso que pertenecía a Zerah.

—La señorita Grayson se ha olvidado el bolso. Iba a decírselo al señor Hail, ya que es su amigo —murmuró mirando el bolso.

Apreté la mandíbula. No sé qué me llevó a actuar por impulso y coger el bolso.

—Se lo llevaré yo —le dije al empleado balbuceante. —Deme su dirección.

Llegué a su casa al atardecer, preguntándome qué me pasaba. No tenía ni idea de por qué quería volver a verla. Mientras llamaba a la puerta, me recompuse justo a tiempo para que se abriera.

Su expresión se tornó en sorpresa al verme y no pude evitar mirarla. Estaba tan diferente con el pelo suelto y sin su ropa de trabajo. Parecía...

¿Asustada?

—¿Qué haces aquí? —preguntó ella, con la voz una octava más alta de lo normal. Pude ver la alarma en su rostro.

—Te olvidaste esto en la oficina.

Le pasé el bolso. Vi cómo se daba cuenta al cogerlo antes de mirarme con ira.

—Gracias, ahora vete —espetó, y la irritación creció en mí.

—Zerah....

—¡No me llames así! ¡Vete ahora mismo!.

—¿Qué demonios te pasa...?.

—¿Mamá?.

Hubiera jurado que se le cortó la respiración justo antes de que se oyeran unos pasos. Por la esquina abierta de la puerta surgieron dos figuras y mi mundo se detuvo.

En la esquina de la habitación había dos niños pequeños.

Y eran EXACTAMENTE iguales que YO.

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