Nunca unas palabras habían tenido tanto efecto en mí, no paré de llorar hasta que llegué a casa, me encerré en mi habitación e intenté no volver a llorar. En pocas palabras me había dicho que era una cualquiera, y eso dolía como nada, porque venía de él, él.
Pero a fin de cuentas yo fui quien lo dañó, terminé siendo la mala de nuestra historia de amor. Conocerlo fue una de las mejores cosas que me ha pasado, sólo dije aquello por la rabia que me provocó sus palabras en ese momento.
La semana