Parecía ayer cuando la vi por primera vez en el hospital, cuando tuve que fingir mirar a su amiga para disimular lo mucho que la miraba, bastó tan sólo siete meses para que me robara completamente el corazón, para que se adueñara de mí, de mis pensamientos, y que yo fuera tan suyo, tan suyo de cuerpo y alma.
Había pasado todo un maldito mes y seguía como aquel día cuando me cortó, como un perro abandonado, y lo peor de todo, es que no sacaba su radiante sonrisa de mi cabeza, sus hoyuelos, sus