Ya no soy la "frígida y horrible" mujer.
El ambiente en la sala se volvió sofocante cuando Fidel intentó retomar su presentación. Las miradas ya no estaban fijas en el escenario ni en los detalles técnicos del proyecto, sino en Brianna, Maximiliam y la inesperada tormenta que estaba a punto de desatarse. La tensión en el aire era palpable, y todos los presentes podían sentir que algo estaba fuera de lugar.
Brianna, con una sonrisa fría, observó cómo Liz, desde su lugar, trataba de mantener la compostura. Fidel, por su parte, mantenía