Mientras tanto, en la mansión Casanova, Grecia, la madre de Brianna, estaba hecha una furia. Miraba las noticias y veía los titulares sobre el escándalo de Fidel.
— ¡Ese imbécil intentó propasarse con mi hija! — graznó furiosa a su esposo Ángelo, que estaba en su silla de ruedas.
Ángelo, con la serenidad que lo caracterizaba, la miró con calma.
— Y con eso destruyó su carrera. Dudo que logre recuperarse — respondió con frialdad.
Grecia asintió, aunque la rabia no disminuía. Su hija era fuerte,