Las palabras cayeron como un martillazo en el ambiente, dejando a todos en la habitación paralizados por el asombro. Brianna se quedó inmóvil, su rostro pálido por la sorpresa, mientras su mente intentaba procesar lo que acababa de escuchar.
— ¿Qué… qué estás diciendo? — balbuceó Brianna, su voz ahora apenas un susurro. Lentamente apartó la mirada de Don Ángelo y la dirigió hacia su madre, buscando en sus ojos una negación, una explicación, algo que desmintiera las horribles palabras que acaba