Llegaron las festividades de junio y Kathryn por fin podía descansar un poco. Invitó a William a salir de la ciudad por unos días a una casa que había comprado a las afueras, cerca de donde había nacido y que de vez en cuando usaba para huir de la rutina.
Kathryn llevaba encima el peso de su trabajo desde que se inició en el negocio de la indumentaria como si eso fuese todo en su vida, era adicta al trabajo y al café. Que pudiera desprenderse algo de su vida diaria no era común, pero William l