Las manos de Emilio vuelven a subir por la espalda de Rebecca, sus dedos acarician su suave piel, ella se eriza por completo al contacto de sus manos.
Aunque ella intenta ocultar sus emociones, sabe que no desea apartarse de él, lo desea sexualmente tanto como él a ella.
Rebecca siente como sus pezones se endurecen de inmediato al sentir la tibieza de su mano, lo cual queda en evidencia tras la tela de seda suave que los cubre. Ella se llena de vergüenza, ante la sensibilidad y vulnerabilida