—¿Rebecca Cervantes? —escucho aquella voz a mi espalda, intento disimular que no es a mí, a quien se refiere.
La recepcionista me mira y mira al hombre que se aproxima.
—Por favor, puede apurarse —Le pido casi en suplica.
—¿Le ocurre algo? —pregunta al ver mis nervios.
Siento su mano en mi hombro y mi nombre otra vez resuena en su ronca voz:
—¿Rebecca?
Volteo lentamente para enfrentarme a él y a aquel pasado que creí había desaparecido por completo de mi vida.
—Profesor García, ¿cómo