Corro hasta mi habitación, temblando de miedo. Abro la puerta, me aseguro de pasar el cerrojo para que no pueda entrar.
Exhausta, me recuesto de la superficie de madera y me dejo arrastrar hasta caer sentada en el piso. Recojo mis piernas, pegándolas a mi pecho y me aferro a mis rodillas, mientras me quiebro por completo.
—Es un monstruo, un animal, un salvaje.
Mil sensaciones recorren mi cuerpo, me sentía sucia, lastimada y culpable de todo lo que había ocurrido en aquella habitación.
Ja