11. Haciendo las paces
Steve se quitó la corbata y tiró el saco sobre el sillón del cuarto.
Se abrió los botones de arriba, de su camisa celeste y caminó hacia la puerta que separaba los dos cuartos.
¿Ella seguiría molesta por la discusión de ayer? Ni siquiera lo esperó como anoche.
Comenzó a pensar como un viejo resabioso y mezquino.
Abrió la puerta de la habitación suavemente y entró sin hacer ruido.
Primero fue a la cuna y vio al bebecito con su piyama puesto, que decía “Amo a papá”.
Steve sonrió con ternura y a