Aunque no se quejó, Belinda se dio cuenta de que estaba incómodo pasando la jornada de trabajo con Ernest, y luego la noche cenando con Camille. Después de la segunda noche, Edmond estuvo bastante callado y, a continuación, tan pronto como Camille se marchó de vuelta a su apartamento, desahogó sus sentimientos al respecto.
—No le voy contar ni una mierda sobre Ernest, así que espero que no pregunte,— dijo.
—No lo hará,— dijo Belinda, aunque no estaba convencida de ello. —Pero por si acaso, creo