Después de un momento de vacilación, Anthony lo hizo.
—Edmond, tal vez deberías pensar en lo que dijo el Señor Schwartz,— Belinda ofreció, tendiéndole la tarjeta. —No puede hacer daño.—
—Belinda, ¿cuántos hijos tienes?— Edmond le soltó.
—Dieciocho,— dijo sin perder el hilo
—Ya sabes a que me refiero, y no es lo mismo,— argumentó. —Vosotros pensáis que todo necesita un médico. Tal vez simplemente está cansado. ¿Has pensado en eso?— Edmond no esperó una respuesta. Tomó a Anthony en brazos y salió