El sol entraba por la ventana, dándole un toque cálido a la habitación pintándola en tonos pastel. Los pájaros entonaban una dulce melodía, que podía escucharse a través del silencio de la habitación.
En la cama, Aurore abrió los ojos poco a poco a consecuencia de la luz que le daba de frente.
Se estiró, sintiéndose feliz y querida. Lentamente los recuerdos de la noche anterior hicieron aparición en su memoria, haciéndola sonreír; volvió la cabeza despacio, Benedict estaba a su lado boca abajo