ZAYLA
Odio a Ziven. ¡Dios, lo odio tanto!
Me temblaban las piernas mientras caminaba por el pasillo que conducía a mi habitación. Tenía los muslos pegajosos por la grasa y me palpitaba el centro. Cada paso tembloroso me recordaba su tacto, cuánto poder tenía sobre mí y con qué facilidad podía hacerme ceder. Un recordatorio de lo víctima que soy de mi propio cuerpo y su traición.
Estaba tan enfadada conmigo misma, pero no cambiaría nada. Ni siquiera podía cambiar el hecho de que este hombre me h