VICENT NAVARRO:
Ella sonrió. Esa maldita sonrisa burlona. Me miró como si yo fuera un error que se enorgullecía de haber superado.
Me consumía por dentro, pero no iba a dar el brazo a torcer.
—¿Te gustó lo que hiciste conmigo, Vicent?
escupió las palabras como veneno.
—¿Sentiste placer? Porque todo esto... todo esto es culpa tuya. Tuya y de tu hijo. Ustedes me convirtieron en esto.
Me acerqué de un solo paso. Brusco. Indignado.