—¡Tatiana! —Beta Leo gritó horrorizado cuando la puerta de su oficina se abrió y Tatiana entró tambaleándose con la cara ensangrentada y lágrimas en los ojos.
Rápidamente se puso de pie y corrió hacia ella y llegó a tiempo de agarrarla antes de que cayera al suelo porque sus rodillas habían cedido.
La llevó a senatrse. —¿Qué pasó? ¿Quién te hizo esto? —preguntó, agitado.
Tatiana lo miró débilmente y de repente se rió.
Estaba impactada por lo que le había sucedido. Ella no lo vio venir.