Helena se estremeció al pensar en eso.
Fue extremo, pero tenía sentido. —Ya veo... —dijo, asintiendo con la cabeza.
—Recién vengo de hablar con el curandero de la manada. Ya he organizado tus citas, empiezas mañana, vera la condición del cachorro ahora que su padre no está cerca, el embarazo será complicado. Y para que lo sepas, dondequiera que vayas, estaré acompañado por un convoy, de guardias.
Los ojos de Helena se abrieron de par en par, pero no protestó.
Una cosa que había aprendido sobre