CAPÍTULO 85:
ALESSIA DE ALESSIA
El campo de entierro detrás del fresno de Hamish había crecido en quince meses de la forma en que crece la mala hierba después de un incendio, rápido y cruel sin pedir permiso. Me paré en medio de él al amanecer contando estacas de madera de fresno porque contar era la única matemática que todavía tenía sentido, y ahora había ciento doce con treinta y una de ellas clavadas bajo para cuerpos que nunca habían visto diez inviernos, y el viento ya no olía a pino si