Valeria cerró los ojos y se recostó en el asiento. Solo llevaba una hora de vuelo, así que aún les quedaban seis horas para llegar a casa.
Notó una mano en la cara y abrió los ojos. Xavier le acariciaba las mejillas con mucha delicadeza. Sus caricias reflejaban la mirada tierna de sus ojos. Valeria sintió cómo se le hacía un nudo en la garganta cuando sus miradas se cruzaron y se quedaron fijas la una en la otra.
—¿Quedarías conmigo, Valeria? —susurró Xavier de repente, lo que dejó a Valeria pa