—¿Qué? —¡No puedo quedarme en tu oficina! —protestó Valeria de inmediato. —Sí que puedes, y de hecho te quedarás en mi oficina. —Tu escritorio estará aquí en unos minutos, así que podrás ponerte a trabajar. Hay algunas cosas en las que vas a trabajar hoy —dijo Xavier, sin darle oportunidad de replicar. Al cabo de unos minutos, llegó su escritorio y lo colocaron en el extremo de la oficina. Bastante lejos de Xavier, pero no tanto como ella quería.
Unos archivos fueron colocados sobre el escritor