—Eres un idiota. —se queja mi hermana divertida.
Al menos no está llorando, pienso positivamente.
—Un idiota, ¿eh?... Pero al menos soy tan loco como para seguirte la corriente en planes tan estúpidos como un secuestro. —le respondo y ella ríe.
— ¡Touché! —responde y ambos reímos por un momento, pero mi risa muere en mi boca al ver que, de pronto, ella de la risa comienza a pasar al llanto.
De un momento a otro Caddie comienza a llorar como una niña pequeña a la que le han quitado un dulce.
—P