Terminando de almorzar, Monke les dijo -señoritas espero hayan disfrutado el banquete- ahora pueden ir a sus rucas a descansar-
-¿Rucas?- dijo Otilhia
-Sí, cada una en esta tribu tiene su ruca- dijo Monke
Las mujeres sorprendidas fueron a ver sus rucas.
Cada una era mucho más grande de las que tenían en la tribu Wulka, con tinas, camas blandas, muchas mantas y cojines, y mesas y muebles para guardar sus vestidos.
-Y mi ruca- preguntó Rosa
-¿Te quieres ir de la mía?- preguntó Monke
-No, pero esa