Adhara llevaba semanas en la selva, había acomodado aún más su ruca en el árbol y se resguardaba de ser vista. Al tener su ruca en las alturas, le daba una gran vista panorámica al río y ver claramente si alguien se acercaba.
Cada vez fue mejorando aquel espacio, forrando aún más su ruca y haciendo tejidos para ocupar sus tiempos de ocio.
Recolectaba frutos, hierbas y flores, hizo cremas y perfumes, con barro unos recipientes y así pasaba sus días.
Un día mientras tejía vió a lo lejos un hombre