Juan Carlos voltea hacia la puerta, deseando que no sea quien sospecha; exhala un suspiro de alivio al ver que no se trata de su hijo Hans o de su esposa Madeline.
—¡Su majestad! —exclama Jacob, el jardinero del palacio, agitado y rojo por la sorpresa de lo que ven sus ojos, apenado por interrumpir a su amo, este cierra la puerta rápidamente.
Una Emma extasiada por haber recibido en su boca todo lo que Juan Carlos tenía para darle, se envuelve en las sabanas, cansada, pero con una pequeña r