Ya estaba cerca, el nudo en mi vientre apretándose rápido. Mis paredes temblaban alrededor de sus dedos gruesos, agarrándolos con desesperación.
—Me voy a correr… Papi, por favor no pares…
—Entonces córrete —ordenó, la voz dominante—. Córrete sobre los dedos de tu padrastro como la sucia malcriada que eres.
El orgasmo me golpeó fuerte. Grité, el cuerpo temblando mientras mi coño se contraía y pulsaba alrededor de sus dedos, chorreando jugos por su mano y sobre su regazo. Siguió metiéndomelos du