33. Invitada especial
Julieta tiene que sentarse un momento, colocar las manos en su cabeza y ahogar los sollozos en su garganta. Un sentimiento de rabia que no puede ser diferenciada de la decepción o de la furia. Todo está unido.
—Si resulta verdad ella pagará —Román se agacha hacia ella para buscar su rostro—, mírame, hey…
—Tenía sospechas pero deseaba con todas mis fuerzas que no fuera así —Julieta siente los dedos de Román en su rostro—, ¿Por qué haría algo así? Mi papá la quería mucho, mucho…
—Papi —pronuncia