26. Ya no hay marcha atrás
No hace falta ya nada, sólo esto, donde se siente viva y libre de cualquier temor. Los labios de Román son algo que nunca imaginó: son mejores, suaves pero ansiosos, lentos pero asesinos. Los segundos no se cuentan y tampoco existen. Le agrada ésta sensación, donde Román acorrala sus dos manos por encima de su cabeza y presiona su mano desocupada en su cintura, ciñendola a él en este abrasador beso que los vuelve a ambos tontos y descuidados de los demás.
Y mientras los segundos pasan el beso i