—Fue en Cali, no hay muertos, pero sí heridos.
—¡José refuercen la seguridad de la clínica de mi hermana!
—Si señor. —terminé y la llamé.
—Hola, Yaro…
—Sal de ahí. Sal de la clínica, por favor Daniela.
—¡Estás loco!
—¡Sal de la bendita clínica! —Mi corazón latía—. Por favor hermanita. Sal de ahí —terminé la llamada. Miré a mi compañero, a mi hermana y a mi mujer. —Debemos irnos ya, Jabir.
—Yaro. —Marian me tomó de la mano. Su celular lo había dejado en la agencia. Me regaló una hermosa sonrisa—