Esto era peor que un rompecabezas. Tres minutos después, escuché que apagaron la música, y luego ingresaron al salón.
—Es la una de la mañana y el capitán tiene rostro de estreñido. —Le saqué el dedo del medio a Jabir—. ¿Qué pasó?
—Esto pasó. —Les entregué las notas. Aún no había mirado las carpetas—. Ya pedí café bien cargado, debemos organizar los hilos secuenciales y mirar donde se unen.
—¿Le dirás a Salomé que en el accidente donde murió tu familia también murió la de ella?
—Si no juga