Olvidame si puedes
Olvidame si puedes
Por: FreeThinkerGirl
01

CAPITULO 1

—No sé, Blair. No deberíamos estar aquí —se quejó, Cara, por enésima vez, resollando entre dientes—. Me parece una mala idea.

Le dedique una mirada aprensiva, evadiendo mis ganas de rodar los ojos.

—No deberíamos, pero ya estamos aquí y si tan mal te parece, bien puedes irte —discrepó Freya con enojo, dejando un apretón de apoyo contra mi hombro—. Blair necesita respuestas y aquí va a encontrarlas.

—Necesito saber si Merylin está bien —fue lo mejor que se me ocurrió para justificar mi presencia en el edificio donde vivía nuestra amiga desde hacía unos meses; aunque la verdad era qué, necesitaba probarme a mí misma que lo que había dicho la malintencionada de mi suegra era una vil calumnia. Merylin era como una hermana para mí, ella jamás me traicionaría—. Tal vez está enferma, o se sintió mal después de la fiesta de anoche y sigue tirada en cama.

Anoche había sido mi despedida de soltera, pero no habíamos bebido demasiado como para que Merylin, que estaba acostumbrada a ingerir grandes cantidades de alcohol, se sintiera indispuesta al punto de no asistir a mi boda siendo una de mis damas de honor.

—No creo que la encontremos aquí —murmuró Cara con aparente pesar—. Seguro que se fue con alguno de esos tipos que siempre la buscan.

—Tal vez, pero mejor no quedarnos con la duda —zanje y con ayuda de Freya, busque bajo el macetero que había a un lado de la puerta la llave de repuesto que nuestra amiga nos había dicho que ocultaba en caso de emergencia; y esta era una gran emergencia.

Había sido tanta mi urgencia por venir aquí que ni siquiera me había tomado la molestia de cambiarme el vestido de novia y mi rostro seguía hecho un completo desastre gracias a mi maquillaje corrido por todo lo que había llorado antes; así que, nada me detendría hasta encontrar lo que había venido a buscar. Y cuando al fin abrimos la puerta, las suposiciones de Cara quedaron aplastadas por el ruido de una música que resonaba por todo el apartamento; las tres compartimos una mirada y entramos al piso.

—Esto no me huele nada bien —masculló Freya, intrigada, porque se percibía el inconfundible olor de la marihuana—. Creo que esta pendeja volvió a las andadas.

—Y con todo lo que bebió es seguro que ni siquiera ha podido levantarse de la cama —completo por su parte Cara, apilando varias botellas de tequila y vodka vacías que estaban tiradas por todo el lugar—. Tengo un mal presentimiento, chicas.

La música se escuchaba alta y al parecer provenía de una de las habitaciones.

Seguí el sonido que seguramente me conduciría hasta Merylin con un extraño sentimiento empujando dentro de mi pecho y el corazón a punto de salirme por la boca; y no me equivoque. Lo que encontré dentro de la habitación principal me helo la sangre y paralizo mi corazón. Sobre la cama estaba mi mejor amiga más viva y saludable que nunca, solo que no estaba sola y mucho menos dormida o enferma. Merylin estaba totalmente desnuda cabalgando de espaldas sobre el regazo de un hombre que parecía disfrutar tanto como ella; la expresión en su rostro era de total éxtasis mientras rebota enardecida y se aparta los mechones de pelo rubio que se enredan en su rostro.

— ¡Mald1ta zorra! —Sisee incrédula, con el enojo plasmado en mi voz al descubrir que mi mejor amiga, esa que consideraba mi hermana, se estaba follando al hombre que iba a convertirse en mi esposo horas atrás—. ¡Scott! ¡¿Cómo pudiste hacerme esto?!

Mi voz fue como un rayo que cayó sobre ellos, atravesándolos y haciendo que toda la excitación acumulada se esfumara de sus cuerpos en un segundo. Los ojos marrones de Scott se abrieron de tal forma que por un momento pensé que se saldrían de sus cuencas.

— ¡Blair, cariño. Te lo puedo explicar! —Balbuceó con la lengua entorpecida, era más que evidente que estaba hasta arriba de hierba—. Yo… yo iba de camino a nuestra boda, pero… ella se apareció y no sé cómo, pero termine aquí… —sin miramientos o recato se puso de pie y empujo fuera de su regazo a una azorada Merylin que lejos de avergonzada, parecía más bien fastidiada con la interrupción.

El cuerpo de Scott brillaba como el ébano gracias a todo el sudor que había traspirado en el acto y sin inmutarse por la presencia de mis amigas, olvido que estaba completamente desnudo y con una imponente erección chocando contra su vientre, camino en mi dirección con la evidente intención de tocarme.

— ¡Ni siquiera lo pienses! —Sisee con los dientes apretados, retrocediendo hasta chocar con Cara que tenía el rostro colorado—. No quiero que me expliques nada, Scott —le interrumpí limpiándome las lágrimas que no se merecía y que habían salido sin siquiera darme cuenta—. Es obvio lo que aquí sucede y aunque me duele, creo que fue mejor darme cuenta quienes eran ustedes en realidad. ¡Son tal para cual!

El inmenso cuerpo de Scott se tambaleo de un lado a otro y cayó al piso sin remedio.

— ¡Ay por Dios! ¿Es necesario todo este drama, Blair? —Inquirió con hastío la que creía era mi amiga mientras se cubría con un albornoz rojo—. Fue solo sexo, niña. No es para tanto; además, tú sabias que desde hace tiempo le tenía ganas a tu novio y no quería quedarme con ellas —cerré mis ojos al escuchar esas palabras tan cínicas y apreté mis manos en puños, conteniendo mi ira—. Nunca pensé en tirármelo cuando ya fuera tu esposo, Blair. Eso sí habría sido desleal.

— ¡Eres una puta descarada, Merylin! —Increpó Freya, enfurecida, saliendo detrás de mí y cogiendo a la rubia por su corta cabellera—. ¡Tú no tienes idea de lo que es ser leal, zorra inmunda! ¡Ya sabía yo que no eras de fiar!

Ambas se enfrascaron en una lucha donde Freya llevaba todas las de ganar mientras Merylin luchaba por que la otra no le arrancara los pelos de la cabeza.

— ¡Suéltame, marimacha! ¡¿Estás loca o qué te pasa?! —Comenzó a gritar desesperada la rubia con el rostro contraído.

— ¡Prefiero ser marimacha que una puta promiscua como tú!

Mire la escena sin ánimos de interceder, a diferencia de Cara que ya había reaccionado e intentaba alejar a las dos mujeres.

— ¡Suéltala, Freya! —Chillaba, nerviosa—. ¡Los problemas no se solucionan así! ¡Vamos a hablarlo!

¿Hablar qué? Pensé con escepticismo. ¿En cómo mi amiga le chupaba la polla a mi prometido mientras yo lo esperaba como una tonta ilusionada en el altar?

¡Ni loca!

—Blair, cariño. Hablemos —musitó desde el suelo el imbécil de Scott con una expresión risueña y los ojos entrecerrados; se veía tan patético con su polla ahora flácida colgando entre sus muslos.

—Cierra la boca, imbécil —me acerque a él y me agache a su lado, tomándolo por la barbilla, enterrando mis uñas postizas en su carne—. ¿Crees que después de esto voy a darte una mínima oportunidad de hablar? —Me reí con saña—. ¡En tú puta vida, cabrón de mierd@! Me hiciste pasar por la peor de las humillaciones, me dejaste expuesta ante los buitres de tu familia —él intento decir algo, pero lo abofetee—. Todos esos malditos riquillos se burlaron de mí, de la pobre huérfana interesada que siempre creyeron que soy. ¿Y sabes quien más lo disfruto? —Agite su rostro para que abriera los ojos y me viera, pero al no lograr nada lo tome por el cabello y tiré con mucha fuerza hasta que obtuve su completa atención—. La perra de tu madre fue quien más disfruto de esta situación.

—No insultes a mi madre, Blair —dijo compungido. Apreté con más fuerza de su pelo rizado provocándole un gemido de dolor—. ¡Está bien, está bien! ¡Es una perra!

—Así es, Marie Emerson es una perra y aunque la odio, debo agradecerle que me dijera dónde encontrarte. Al menos tuvo el detalle de abrirme los ojos con respecto a ti y Merylin —un atisbo de lucidez cruzó por los ojos marrones de Scott.

— ¿Ella te dijo que vinieras aquí?

—Sí. Tu linda mamita fue quien me dijo dónde encontrarte —mire de soslayo hacia donde Freya seguía peleando con Merylin mientras que Cara, seguía intentando detenerlas—. Y se lo agradezco, aunque no me sorprendería nada que ella haya sido quien planeo todo esto —solté su pelo con hastió y me puse de pie—. Al menos espero que esto haya valido de algo y que Merylin si cumpla todas las exigencias de tu madre.

Una mano en mi tobillo me detuvo.

—No me dejes, Blair —rogó en un susurro—. Yo te amo y no concibo mi vida sin ti.

Mordí mi labio y quite el anillo que aún seguía llevando en mi dedo anular; lo lance a su lado.

—Yo también creí que me amabas, Scott. Creí que estabas tan comprometido con nuestra relación como yo, pero ya ves —me encogí de hombros con desdén, conteniendo las lágrimas—… me equivoque de la peor manera.

****

—Debes casarte lo más pronto posible y esa es mi última palabra al respecto.

Sentencio la voz gruesa y demandante de mi padre, sentado tras de su imponente escritorio; sitio donde le veía pasar gran parte de su vida desde que tenía uso de razón.

— ¿Hasta cuándo con lo mismo, viejo? —proteste con hastió, girando entre mis dedos una morocota de oro, regalo de mi abuelo, que había adoptado como mi amuleto de buena suerte.

Maxwell Lennox hizo a un lado el documento que había mantenido presa su atención y quitándose sus anteojos de lectura, clavo sus feroces ojos azules sobre mí.

—Si mal no recuerdo, fuiste tú quien irrumpió hace unos minutos en esta oficina para insistir con la misma cantaleta de siempre —se reclino hacia atrás en su cómodo sillón de cuero con una mano descansando en el reposa brazos y la otra bajo su barbilla—. Estás deseoso por hacerte cargo de mi empresa, mueres por ocupar mi lugar y que todos te obedezcan, pero te amedrentas cuando te recuerdo la única condición que debes cumplir para obtener lo que deseas. Se oye un poco contradictorio viniendo de ti, Ezra. ¿Tanto le temes al matrimonio?

Detuve el movimiento de mis manos de golpe y me guarde la morocota en el bolsillo interno de mi americana; entorne mis ojos hacia el hombre que más amaba en la vida, pero que me tocaba los cojones cada vez que podía.

—No es al matrimonio a lo que le temo, sino a las mujeres —me puse de pie—. Soy un hombre que no nació con el propósito de formar una familia, papá. Yo no soy como tú.

Me acerque hasta el mini bar que mi padre tenía a su disposición en la oficina y serví dos copa de coñac.

—Pues yo pensaba lo mismo que tú, pero ya vez, con tu madre me saque la lotería —respondió tomando la copa que serví para él—. Las mujeres son un mal necesario en la vida y tú necesitas a una que te meta en cintura. ¿Acaso no piensa darme nietos?

Me congele a medio camino de probar mi bebida.

—No abuses de mi paciencia, viejo —me queje y Maxwell rodo los ojos—. No entiendo esa estúpida insistencia tuya, papá. Sabes que soy perfectamente capaz de dirigir la empresa familiar sin necesidad de casarme o tener hijos. El tiempo pasa y tú ya no tienes la misma vitalidad de antaño —le recordé, sentándome sobre una esquina del gran escritorio frente a él—. Necesitas descansar y disfrutar tus últimos años con mamá.

Un manotazo inesperado me hizo bajar del escritorio.

—Lo único que yo necesito es que dejes de ser un imbécil promiscuo que juega a ser el mujeriego de la ciudad y entiendas que ya no eres un chabón de veinte años, Ezra —me gruño con seriedad; recuperado de la impresión de su reacción anterior, volví a mi sitio seguro en la sillas frente a su escritorio—. Estoy cansado de verte enredado en líos de faldas con infinidad de mujeres cada vez que estas aburrido. ¿Cómo podría tomarte en serio para hacerte cargo de mi emporio si ni siquiera eres capaz de dirigir tu vida por el camino correcto?

— ¿Y lo correcto según tú es que me case? —Farfulle ahora si enojado con la insistencia en el asunto—. Y si te mueres sin que eso suceda, ¿Quién se hará cargo de tu empresa? ¡Soy tú único heredero! —sonreí con disimulo y bebí lo que restaba de mi trago.

—No cantes victoria, Ezra. No me considero una persona mediocre —dejó su copa vacía sobre su escritorio y se puso las gafas de vuelta sobre el tabique de su recta nariz—. Mi testamento hace mucho que está hecho y una de las imposiciones estipuladas para que recibas toda mi fortuna, es que te cases y formes una familia —me ahogue con la saliva al escucharle; tosí con desespero en busca de oxigeno—. Así que debes aprovechar mejor tu tiempo en buscarte una novia a quien ponerle un bonito anillo en su dedo o de lo contrario tendrás que acostumbrarte a ser el CEO de esta empresa el resto tu vida.

Tomo en sus manos otra vez los documentos que leía anteriormente y esa fue su manera de decirme que nuestra conversación estaba acabada. Descolocado, tome las copas vacías y las deje de vuelta en el mini bar antes de salir de la oficina de mi padre y mientras volvía a mi oficina tuve que aflojarme el nudo de mi corbata.

—Señor Lennox, la señorita Walsh se ha metido en su oficina —fueron la palabras de bienvenida que recibí de mi amable asistente—. Le dije que no podía entrar, pero ya sabe cómo es. No quiso escucharme.

Y de pronto, me sentí acorralado por las circunstancias; tal vez, que Tiffany estuviera aquí justo ahora era una señal del destino.

—No te preocupes, Jana —dije con calma, dándole una mirada tranquilizadora—. ¿Recuerdas esa invitación a un crucero que me llego la semana pasada? —Jana asintió solemne—. Necesito que hagas magia y me reserves dos boletos. Voy a ir con mi novia.

—Pero, ¿Cuál de tantas, señor? —Cuestionó confundida.

Suspire y me frote los ojos.

—Pide los boletos a nombre de Ezra Lennox y Tiffany Walsh —dije sin más antes de seguir mi camino a mi oficina, pero me detuve antes de abrir la puerta—. Ah, otra cosa —Jana que ya estaba sentada, volvió a levantarse—. Llama a la joyería más lujosa de la ciudad y pide que me envíen un muestrario de anillos de compromiso para mañana en la mañana.

No espere a ver la mueca de asombro que seguro se dibujaría en el rostro de mi asistente, entre a mi oficina con una punzada en mis sienes, augurio de un dolor de cabeza y apreté los dientes ante el grito que me recibió.

— ¡Mald1ta seas, Ezra Lennox! Dijiste que me llamarías hace una semana y nunca lo hiciste. ¿Qué demonios pasa contigo? —Sonreí de manera forzada al ver la prediseñada belleza de la mujer que tenía frente a mí y sin ánimos de discutir la tome entre mis brazos para devorarle los carnosos labios pintados de rojo, desapareciendo su enojo—. Oh vaya, ¿y eso porque fue?

Me miró con sus ojitos verdes bizcos de satisfacción y asombro; volví a besarla una vez más y antes de poder arrepentirme, solté lo que venía pensando desde que mi padre me dijo lo del testamento.

— ¿Te gustaría venir conmigo a un crucero, Tiffany?

Sus ojos empezaron a brillar con tal intensidad y al verla sonreír, fue lo único que necesite para saber que aceptaría mi oferta

Capítulos gratis disponibles en la App >
capítulo anteriorcapítulo siguiente

Capítulos relacionados

Último capítulo