Isaac, convencido de que rompería su palabra, pero ni mucho menos está asustado.
_"Como debería estar, eres el diablo en persona", se sentó rígido, recto, escapando de la tentación más espléndida.
_"Eso crees", le pellizcó el dedo meñique y ella volvió a gemir. "Pues tú debes de ser una pecadora irredimible. Si tan fácilmente te deja seducir por mí", empezó a tirarle solamente de las medias. En pocos segundos, aquellas manos supuestamente inocentes avanzarían hasta las ligas, luego se pararían