Capítulo 38: Jamás perderé a Eva

Mi madre se acercó lentamente, como si temiera interrumpir algo importante, pero extendiendo sus brazos en busca de un abrazo que yo no tenía intención de devolver con la misma calidez.

—Si mi querido Nicolás no viene a su madre, entonces su madre vendrá a él, mi amado pequeño —murmuró con dulzura, ignorando deliberadamente mi evidente falta de entusiasmo.

Con un suspiro, me levanté de mi asiento, permitiendo que se acercara y me envolviera en su abrazo. La dejé hacerlo, aunque su toque me resu
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