Volvimos al interior de la casa, donde la música llenaba el ambiente. Aunque al principio tanto Nico como yo no estábamos disfrutando de la fiesta, pronto me encontré bailando con él en el centro de la pista, inmersa en el ritmo vibrante.
Con mi cabeza reposando en su pecho, nos movíamos lentamente al compás de una canción de banda, que a mi madre le encantaba. Era una balada romántica que parecía burlarse de mí con sus letras.
—Eres todo lo que anhelo, eres el regalo que cayó del cielo. Qui